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Peste negra

Resultado de Aprendizaje: 1.2. Identifica y relaciona ideas principales evaluando intención, contenido y estrategias discursivas de diversos tipos de textos
Ejercicio Núm. 13: Discrimina información específica

“Peste negra”

Antecedentes El verano de 1665 transcurría caluroso y las altas temperaturas dificultaban la vida en una urbe con elevada densidad poblacional a consecuencia de las grandes migraciones de campesinos. La metrópoli carecía de una adecuada infraestructura sanitaria y en las zonas de mayor pobreza la basura se acumulaba en las calles junto con los desechos humanos; no existía un sistema de drenaje. Tales circunstancias resultaban propicias para la multiplicación de microorganismos infecciosos, como la bacteria Yersinia pestis, responsable de la peste, quizá introducida por unos marineros holandeses. Por otra parte, también fomentaban una abundante población de ratas, cuyas pulgas sirven como vectores a ese bacilo. De esta manera, los primeros casos de la enfermedad aparecieron en las zonas más pobres, donde había más ratas que en cualquier otra zona de la ciudad. La gente, sin embargo, creía que el peligro radicaba en los perros y gatos callejeros, por lo que se realizaron inútiles campañas de exterminio.  
Origen Los primeros signos del mal fueron una serie de manchas rojas que aparecieron en la piel de las víctimas. En sólo unos días algunas de estas anormalidades, situadas en las axilas y las ingles (zonas donde son más perceptibles los ganglios linfáticos). Se inflamaban y se llenaban de pus. Las personas sufrían dolores muy intensos en el área y una descompensación en su estado general, con fiebre, sudoración y escalofrío. Poco después fallecían. La primera explicación que se dio a estos casos retomó la vieja teoría de los miasmas, el aire contaminado por la insalubridad. Por esa razón uno de los primeros tratamientos consistió en dar a oler a las personas ramos de flores, auxilio que, como los productos milagrosos promovidos por los charlatanes, resultaban inútiles. En pocas semanas los casos se multiplicaron y comenzó la epidemia. Las personas más acaudaladas de Londres decidieron abandonar la ciudad y trasladarse al campo, donde no había llegado el brote de peste. El propio rey Carlos II y su familia tomaron esa decisión. La gente más humilde no pudo recurrir a esta alternativa pues, por una disposición de las autoridades, les quedaba prohibido abandonar su área de residencia, a menos que contaran con un salvoconducto para hacerlo. De esta forma, como ocurre con la gran mayoría de los desastres naturales, las principales victimas de la epidemia fueron los pobres. Para evitar que el mal se propagara, los responsables del gobierno dispusieron que si una persona se enfermaba, su familia debía permanecer confinada en su domicilio durante cuarenta días, y además el acceso de cualquier otra persona era impedido. Las entradas de las casas se marcaba con una cruz roja para advertir el peligro del interior. Entonces comenzaron a surgir improvisadas “enfermeras” que a cambio de dinero se encargaban de llevar alimentos a las casas de los pacientes, pero eran incapaces de prestarles cualquier ayuda médica y los despojaban de sus pertenencias. Conforme la epidemia avanzó, surgió otro problema: el manejo de los cadáveres. Se puso en marcha un sistema de recolección más o menos efectivo y las autoridades daban una recompensa a cualquier persona que entregara los cuerpos. Éstos eran depositados en grandes fosas comunes.
 Consecuencias Desde el mes de julio, cuando inició la epidemia, las cifras de víctimas por semana fueron en aumento, como revelaban los reportes oficiales que se emitían en cada zona, inicialmente eran mil cada ocho días, luego se elevaron a 2,000 y en septiembre de 1664, la etapa más critica, morían casi 8,000 personas por semana. A partir de octubre los casos empezaron a disminuir y algunas personas, entre ellas el rey y su familia, regresaron a Londres. Mientras tanto, la epidemia se había extendido a Francia a través de la marina mercante. Al año siguiente aún se presentaron casos aislados en Londres hasta sumar un total de casi 100,000 víctimas. El remedio definitivo a este brote de peste fue otro desastre: el gran incendio de Londres ocurrido entre el domingo 2 y el miércoles 5 de septiembre de 1666, iniciado en una panadería, en sólo tres días consumió los hogares de casi 100,000 personas y destruyó tres cuartas partes de la ciudad. Sin embargo, ocasionó pocas muertes; por otra parte, acabó con los principales focos de contaminación que habían causado la epidemia de peste. En menos de dos años Londres se vio envuelto en los dos mayores desastres de su historia. Conocemos los detalles de estos eventos gracias a dos obras clásicas de la literatura: El diario del año de la peste, de Daniel Defoe, y el Diario, de Samuel Pepys. 
NO HAY MAL QUE POR BIEN NO VENGA … Tras meses de una plaga incontrolable que diezmó a la población de Londres, el “Gran incendio” acabó con los principales focos de infección y dio por finalizada la epidemia. 

Publicado en Muy Interesante. Sumario Año XXV No. 7. México, Julio 2008, pág. 38
Con base en la lectura del texto contesta las siguientes preguntas
 1. Según el texto ¿cuál es la opinión del autor?
a) Las principales víctimas de la epidemia fueron los pobres. 
b) Las enfermeras se aprovecharon de la situación.
c) La peste es una enfermedad transmitida por los animales. 
d) El incendio contribuyó a sumar más vidas humanas

 2. ¿Qué fue lo que más atemorizó a la población?
 a) Las etapas de sufrimiento.
 b) La falta de apoyo del Rey.
c) Desconocer dónde radicaba el peligro.
 d) La reacción de la gente pobre.

3. ¿Por qué concluye el autor con la frase “No hay mal que por bien no venga” 
a) Porque le gustan los refranes.
b) Porque asume que lo mejor es resignarse.
c) Porque valora los beneficios del desastre.
d) Porque piensa que a grandes males grandes remedios 

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